domingo, 9 de febrero de 2014



¿A qué llamamos “actitud”? – podríamos definirla como una energía generada en nuestra mente y que se proyecta al exterior determinando la posición que uno adopta frente a sí mismo, a los demás, en sus actividades, en sus proyectos o metas, en fin, frente a la vida misma.

Todas las personas en el mundo tienen sus propias metas y sueños. Joven o viejo, hombre o mujer, blanco o negro, rico o pobre, todos tienen el deseo de vivir la vida de la mejor manera que sea posible. Tratar de tener éxito es un comportamiento humano intrínseco que no presta atención a factores superficiales y emocionales. Estamos hechos para querer algo más, para mejorarnos a nosotros mismos y para ser mejores personas de que lo que fuimos ayer. ¿Cómo se puede triunfar en la vida? Esta es una pregunta común que uno se hace muchas veces. La respuesta depende de cómo te ves a ti mismo. Tú te conoces a ti mismo más que a nadie. Esto significa que puedes tener la mejor respuesta dentro de ti y nadie más puede acercarse a la respuesta correcta de lo que tú puedes. Sin embargo, siempre hay algo que puedes hacer para asegurarte de que encontraras la respuesta.

Muchas personas dejan de lado la importancia de la actitud, piensan que realmente no pasa de ser un sentimiento o una predisposición para lo que puede suceder. Sin embargo, la actitud va mucho más allá, llegando a determinar los resultados que obtenemos ante lo que deseamos lograr.

Por esta razón, es muy valioso cuidarnos de mantener una actitud positiva cuando se trata de enfrentarnos y actuar en pro a nuestro  sueños y propósitos.





La actitud se puede comparar con un motor con el cual puedes reducir la velocidad o aumentarla para seguir hacia adelante.

La actitud es el único método seguro que tienes para tener éxito en la vida y al final todo se reduce a qué tan bien te las arreglas. Siempre debes tener en cuenta que en el camino hacia el éxito tu actitud determina qué y cuántas cosas puedes hacer. Este es el responsable de guiar tus aptitudes; pero cuando la actitud se infecta por el orgullo, puede llegar a ser tan inútil como un auto abandonado el cual ha quedado a merced de la corrosión a través del tiempo. Ya sea que lo hagas o no depende principalmente de qué actitudes poseas.

Ejemplos de actitudes:

·         Determinación, la cual aprendiste cuando siendo un niño pequeño te levantabas después de cada tropiezo.

·         Fortaleza, la cual descubriste cuando aprendiste a limpiar tus lágrimas y a continuar después del dolor de la caída.

·         Coraje, que has adquirido a medida que aprendiste a hacer frente a los peligros de tu entorno y sociabilidad, que comenzaste a adquirir tan pronto como supiste hablar y a comunicarte con los demás.

Existen múltiples posibilidades de manejo y presentación para la actitud. Entre otras cosas, la actitud es motivación (o desmotivación), y es concentración (o dispersión), y es relajación (o tensión), y es firmeza (o titubeo, debilidad), y es alegría (o tristeza), y es claridad (o ambigüedad), y es seguridad (o duda). De cada uno depende el lugar que adopte, si positivo o negativo. De ello también dependerán los resultados y las consecuencias.



Si miramos a nuestro alrededor veremos que los triunfadores no solo combinan inteligencia y capacidad o estudios para lograr el éxito, ¡le agregan una buena dosis de actitud positiva!. Tienen temple de ganadores, buscan y consiguen el éxito, se esfuerzan y no decaen ante los tropiezos; al contrario, se reincorporan con más brios. Son personas que se han enfocado su actitud de tal manera, que todas sus acciones, pensamientos y esfuerzos convergen hacia un tema en particular: el objeto de su foco. Y finalmente tienen éxito!

La actitud negativa hace experimentar una sensación de fracaso. Aunque no es sencillo cambiar de actitud, es muy probable que las actitudes positivas que hemos relacionado con experiencias exitosas se repitan convirtiéndose en costumbre, y en cambio las actitudes negativas relacionadas con sentimientos de fracaso, cesen.

La sensación de fracaso crea una modificación en el comportamiento, y en cambio la sensación de éxito, provoca una estabilización en el comportamiento. Esta sensación exitosa de reconocimiento estabilizará y hará que se repita el comportamiento deseable.

La aptitud viene de la mano con tu actitud. Todos nacemos con una cesta llena de aptitudes que normalmente llamamos talento.




Todos tenemos determinadas "actitudes" ante los objetos que conocemos, y formamos actitudes nuevas ante los objetos que para nosotros son también nuevos.

Las aptitudes son nuestro potencial para aprender las habilidades que se desarrollan y perfeccionan a través del tiempo. Nosotros llamamos a esto crecimiento. Cuando comienzas a aprender y comenzar a utilizar tus talentos para tomar el control de tu entorno, comienzas a enlazar un conjunto particular de aptitudes. Lo que funciona, tú lo continúas usando. Cuando no es así, te esfuerzas por cambiarlo. Sin embargo, las aptitudes por sí solas no pueden llevarte a través de todo el camino hacia el éxito. Es totalmente dependiente de la propia naturaleza de las actitudes que poseas. Por lo tanto tu actitud y no tu aptitud determinaran tu éxito.

Tú simplemente te encargas de buscar lo que necesitas para tus actos, y la ley de atracción te ayudará creando los senderos del éxito que debes recorrer. La paciencia y la calma te ayudan a mantener una armonía interna, que finalmente te mantendrá en la onda de la actitud positiva.

Por otro lado, tu mente se expande y se aclara para buscar soluciones y caminos que te ayuden a llegar a tu objetivo.




YULY MEZA MARCANO CI V-10.811.734

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